De nuevo Fabi retoma la redacción de este viaje, volviendo al metodo tradicional (Castellano) y con un lenguaje mas..."periodistico":
Una vez visto la “peculiar” exposición de carrozas, volvimos sobre nuestros pasos y regresamos a la zona BMW (esta vez con un sol imponente sobre nuestras cabezas) donde pudimos contemplar el edificio oficial de la marca germana con su logo en lo alto, además de confirmar la llamativa estética del edificio colindante cuyo interior era un macroconcesionario.
Posteriormente y puesto que estaba situado a unos 150 metros de la zona BMW, nos dirigimos la zona de la villa y el estadio olímpico; ascendiendo a la torre de comunicaciones de 200m desde el cual se puede apreciar una panorámica de altura de la ciudad muniquesa, todo esto teniendo el Olympiastadion a nuestros pies (donde únicamente un equipo de futbol de toda la península ibérica consiguió ganar allí, gracias en gran parte a un canario y un holandés) y pudiendo distinguir la Marienplatz, el inmenso recinto de la Oktoberfest o el Allianz Arena.
Y una vez hecho el vídeo de rigor y sacar un buen puñado de instantáneas, llegó la frikada del viaje, una casi inexplicable (pero obligada después de extrañas conversaciones “faunísticas”) visita al zoo de Munich, un zoo de un tamaño considerable pero cuyo mayor aliciente y espectáculo fue el ver a un oso polar rascando la barriga literalemente (si chicos hay vídeos de esto). Por lo demás, lo que me llevaré de recuerdo de ese zoo es la “mirada de cariño y complicidad” que recibimos por parte de una imponente pantera negra por intentar despertarla de su letargo, gran error,(solo recordar aquella mirada asesina… )
Y una vez recorrido todo el zoo, y con un cansancio acumulado que empezaba a ser de importancia mayúscula, a recobrar energías ¿Con espinacas?, ¡NO!, que mejor que una jarra de todo un litro de exquisita cerveza bávara. Y a ello nos fuimos, al recinto de la Oktoberfest (esta vez desde las 8 de la tarde aproximadamente) donde, esta vez sí, pudimos cenar y beber en las carpas exteriores. El plato de esa noche, era un Codillo de Ternera con una salsa muy especial que le daba un sabor distinto pero muy recomendable (perdonad que no recuerde su nombre en el idioma original pero es realmente complicado). Al acabar nuestra cena, decidimos levantarnos y recorrernos una vez más el recinto para catar de nuevo el ambiente festivo de la zona, y estuvimos andando entre casetas de las distintas marcas de cerveza (la mayoría de ellas totalmente inaccesibles para nosotros, con 3 o 4 personas franqueando la puerta para evitar la entrada de “intrusos”) cuando, al pararnos para hacerle la foto a una de ellas, pudimos comprobar que la entrada parecía estar abierta para todos, vimos que era nuestro momento y entramos sin mirar atrás. Si chavales, lo habíamos conseguido, fuimos capaces de burlar a la seguridad alemana(luego presumen de fiabilidad en todos los aspectos) y entrar en una de las selectas casetas de la Oktoberfest, donde muchos de los que estaban allí dentro habían pagado bastante pasta (con un año de antelación) para estar donde nosotros estábamos ¡¡¡by the face!!.
El ambiente del interior, simplemente indescriptible, hay que estar allí y sentirlo, aunque el cansancio pudo por momentos, el ambiente festivo te obligaba a levantarte y formar parte de todo aquello: música, orquesta, bailes, y mucha mucha cerveza . Simplemente es algo para enmarcar.
Pero, desgraciadamente ,todo lo bueno acaba, y sobre las 3 o 4 de la mañana si no recuerdo mal ,estábamos camino del hotel después de un día agotador e inolvidable pero siendo conscientes de la suerte que tuvimos esa misma noche.
Al día siguiente (ya el de regreso) apenas hubo tiempo para un breve paseo matutino hasta la Marienplatz y de regreso al hotel para coger el vuelo de vuelta. Munich había terminado, pero la certeza de que esta ciudad volverá a ser visitada para asistir a su fiesta por excelencia, era mucho mayor en el regreso que en la ida.
Y para terminar, simplemente quería hacer un breve inciso sobre el alemán de a pie, ya que aquí somos muy propensos a juzgar a los demás sin conocerlos, tenemos la visión de que los alemanes son gente arrogante, malhumorada, enfurruñada constantemente, y no es así señores que como Schuster hay 3 o 4 . Lo que yo pude comprobar allí, es que como te vean un poco desorientado o noten que eres turista (por ejemplo viendo continuamente el mapa de metro para buscar combinaciones) enseguida vas a tener a un ciudadano a tus pies poniéndose a tu disposición si necesitas algún tipo de instrucción o ayuda (todo esto en un correctísimo y perfecto idioma anglosajón). Termino con una pregunta ¿Qué pensáis que haría un habitante de aquí si ve a algún turista desorientado y perdido en el metro?. La respuesta, desgraciadamente, es clara…
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